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En la carrera por dominar el Internet en el espacio, ¿cómo podría beneficiarse Colombia?

Pregúntese cómo hubiera sido este año sin conexión a Internet. O peor, si tuviera un acceso a la red débil. Si todas las videollamadas del trabajo, estudio o entretenimiento se hubieran caído o si llegar a www.google.com hubiera sido una proeza por la lentitud de la red. Así, más o menos, es la conexión que tiene dos tercios de la población rural de Latinoamérica, dice un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y Microsoft.

Lo publicaron el pasado 29 de octubre y encontraron que al menos 77 millones de personas que viven en territorios rurales de América Latina y el Caribe no tienen conexión a Internet de calidad. La brecha es frente a las zonas urbanas: en las ciudades, el 71 % de la población tiene una velocidad y cantidad de datos significativa y en el campo solo el 37 %.

Resolver ese problema ayudaría a acortar la falta de acceso que hay a educación y alfabetización digital que se ha visibilizado aún más en la pandemia. El Internet satelital es una de las tecnologías que podría hacerlo, aunque tiene algunas limitaciones.

En ese servicio están involucradas algunas de las compañías más poderosas del mundo en tecnología: SpaceX, que pertenece al magnate Elon Musk, y que quiere brindar Internet de alta velocidad en todo el mundo por medio de su red de satélites Starlink. También está Amazon, que además de tener la infraestructura de servidores de Amazon Web Services más grande del mundo (con presencia en 24 regiones), tiene el Proyecto Kuiper, con el mismo objetivo de dar conexión por medio de satélites. Otra propuesta ambiciosa la tiene la empresa estadounidense OneWeb que ha contado con la inversión de compañías como Qualcomm, Airbus o Virgin Group, y que quiere competirle a Elon Musk.

¿Cómo funciona?

El Internet fijo que usa en su casa, y que tantos problemas ha causado en estos meses de alta demanda del servicio, llega por medio de cables en los que viaja la información hasta grandes centros de datos con servidores que le permiten conectarse.

Lo que propone el Internet satelital es que la información viaje por medio de ondas electromagnéticas. Los satélites ubicados en el espacio son retransmisores de la información que viaja desde los servidores hasta una antena instalada en el techo de una vivienda o empresa. Esta tecnología no es nueva, explica Marco Tulio Terán, magíster egresado de la Universidad Técnica de Moscú Bauman y profesor de ingeniería electrónica de la Universidad Sergio Arboleda.

El primer satélite fue lanzado en 1957 por la Unión Soviética y se llamó Sputnik. Hoy se usan sobre todo en servicios meteorológicos, de telecomunicaciones, televisión y geolocalización (GPS).

Seis décadas después, la calidad de estos aparatos ha avanzado (los primeros duraban meses y ahora pueden permanecer más de 10 años en el espacio). También se ha avanzado en la investigación frente a cuál es la mejor forma en la que podrían proveer Internet.

Terán explica que en el espacio hay tres tipos de órbita: baja, que está de 5.000 a 8.000 kilómetros de distancia de la Tierra; media, ubicada aproximadamente a 20.000 kilómetros; y geoestacionaria, ubicada más o menos a 40.000 kilómetros de nuestro planeta. La diferencia entre poner un satélite en una órbita u otra está en la velocidad que tarda en girar alrededor de la Tierra. “En la baja, los satélites le dan de dos a tres vueltas a la Tierra en un día, mientras que la geoestacionaria va a la misma velocidad que el planeta”, señala el docente.

El que ponga más gana

A pesar de que las ondas no necesitan ningún medio para transmitirse sí tienen una propiedad, necesitan mucha energía para funcionar y a medida que se propagan, su energía se disipa y ese es un recursoque no se encuentra fácilmente en el espacio.

Por esa razón es que la clave es instalar satélites en la órbita baja, para que las ondas viajen a menor distancia y tengan mayor frecuencia. “Entre más lejos se encuentre el satélite puede abarcar medio continente, porque está muy lejos, pero la desventaja es que necesita tener mucha energía. En cambio, lanzar muchísimos en órbita baja requiere que sea menos complejo desde el punto de vista energético y de duración”, enfatiza el profesor.

Ahí es donde las empresas han hecho sus apuestas. SpaceX ha dicho que quiere instalar 12.000 satélites en órbita baja y tiene autorización de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC). A octubre de este año, la compañía había puesto 900 aparatos con éxito. El plan completo podría costar 10.000 millones de dólares.

Por su parte, el Proyecto Kuiper, de Amazon, recibió en agosto de este año autorización por parte de la FCC para instalar y operar 3.236 satélites en órbita no geoestacionaria (cualquiera de las otras dos). Según lo que ha dicho la compañía en cabeza del magnate Jeff Bezos, el servicio debería estar desplegado completamente en 2029.

En cuanto a OneWeb, la empresa ha dicho que tiene como objetivo poner 650 satélites en órbita baja y hasta el momento lleva 74. No han dicho cuándo esperan desplegar el servicio completamente. En julio de este año anunció que el 45% de la compañía estaría en manos del gobierno británico, otro 45% sería de la empresa india de telecomunicaciones Bharti Airtel y el otro 10% sería de los acreedores.

Complementar, no desplazar

Otra de las grandes promesas del Internet satelital es reducir la latencia, es decir, el tiempo que se demoran los datos en viajar de un punto al otro. El profesor Marco Tulio pone este ejemplo: “Los satélites de Internet actuales que se encuentran en la órbita geoestacionaria (a 40.000 kilómetros de la Tierra) se demoran 500 milisegundos (ms) en ir y venir. Esta latencia genera interrupciones en las videollamadas y no es suficiente para jugar en tiempo real”, explica.

Otra característica necesaria para tener Internet de calidad es el ancho de banda, que se mide en megabits por segundo (mbps), y donde lo mínimo son 25 de descarga. Así que la latencia debe ser un número bajo y el ancho de banda debe ser alto.

El pasado 27 de octubre, el proyecto Starlink abrió una versión de prueba al público para que prueben el servicio. “Espere ver que las velocidades de los datos varían de 50 mps a 150 mps y la latencia de 20 ms a 40 ms en los próximos meses a medida que mejoremos el sistema Starlink. También habrá breves períodos sin ninguna conectividad”, dijo la compañía en un comunicado.

Por su parte, One Web ha dicho que ofrecerá 400 mbps y latencia de 32 ms. Amazon no ha hablado de velocidades concretas, pero dice que con su despliegue de satélites quiere conectar al 95% de la población terrestre.

Julián Casasbuenas, director de Colnodo, una organización que trabaja por cerrar la brecha digital, indica que sí hay una carrera entre estas multinacionales por montar una red a nivel global; sin embargo, ya hay tecnología que promete latencia muy baja y buen ancho de banda como la fibra óptica o el despliegue de redes de quinta generación (5g). “Creo que ellos están apuntándole a complementar estos servicios, que son costosos de implementar y que tienen limitaciones”, dice Julián.

Precisamente, la brecha en zonas rurales sucede por la dificultad de llevar la infraestructura y cableado a esas zonas montañosas. “Cuando la conexión es satelital las ondas viajan directamente y si es en el campo mucho mejor”, complementa el profesor Terán. La tecnología satelital no se desempeña igual en zonas urbanas donde hay edificios e infraestructura que pueden interferir con las ondas electromagnéticas. Otra limitación que señala el docente es “que las situaciones meteorológicas afectan las condiciones de Internet satelital y eso no pasa en la fibra óptica o cableado; sin embargo, esa infraestructura no se puede mandar a la montaña o la selva; en cambio, el satélite está ahí arriba, solo es apuntar una antena hacia el espacio”.

Sobre los costos de Internet satelital, Starlink ha dicho que el servicio costará 99 dólares al mes, más 499 dólares del kit que se debe instalar en casa. Julián Casasbuenas compara el costo de megabit por segundo con los servicios que paga para varios puntos de su trabajo en zonas rurales.

“En el Cauca pagábamos 1’100.000 pesos mensuales por un enlace de 10 mbps; es decir que cada megabit nos salía a 110.000 pesos. Esto es una conexión dedicada (una conexión exclusiva entre dos puntos con un ancho de banda fijo, con las mismas capacidades y velocidades de descarga todo el tiempo), no compartida. Tomando como referencia los precios que ha publicado Starlink, podemos decir que pagaríamos aproximadamente 2.457 pesos por un megabit dedicado. Es decir, mucho más económico y estamos hablando de conexiones de muy buena calidad”, argumenta el director de Colnodo.

¿Y en Colombia hay?

Algunos de los proveedores de este servicio en el país son Avantel, Bansat y HughesNet. Esta última compañía le dijo a EL COLOMBIANO que tiene 40.000 clientes activos en el país y que su plan para 2021 es aumentar esa base en un 50%. Sus satélites están ubicados a 35.000 kilómetros de distancia y por eso tendrían una cobertura del 96% del territorio colombiano.

“El Internet satelital de HughesNet no busca ser un competidor de los otros operadores de internet, nosotros queremos ser un complemento del servicio tradicional para llevar internet a esos lugares donde otros operadores no pueden llegar por las limitaciones de no tener desplegada red terrestre como fibra o cobre y por lo complejo de la topografía de un país como el nuestro”, dice Roque Lombardo, gerente general de HughesNet para Colombia y Ecuador. Esta compañía dice que ofrece velocidades de 20 megabits por segundo por un precio de 200.000 pesos al mes.

Por su parte, Rubén Castrillón, vicepresidente de plataformas de la compañía de tecnología Sonda Colombia, menciona algunas limitaciones para el Internet satelital en el país: “El alto costo del servicio versus el costo estándar y masivo de las zonas urbanas, el implacable clima en algunas zonas del país que podría afectar el desempeño de la señal. Sin embargo, es totalmente funcional para sectores críticos de la economía como empresas petroleras, mineras, marítimas, aéreas y sobre todo para poblaciones desconectadas y subconectadas de Colombia”.

Solo el tiempo dirá si la pelea de los gigantes tecnológicos por llenar el espacio de satélites cerrará esas otras brechas que viven habitantes de áreas rurales en América Latina, más aún en un tiempo en el que nunca antes había sido tan indispensable estar conectado.